Buenos Aires habilita las pruebas de autos autónomos: el nuevo desafío que se abre para los seguros

24/08/2026MARCIA  LUNAMARCIA LUNA

La Ciudad de Buenos Aires habilitó por primera vez la realización de pruebas de vehículos autónomos y robots de reparto en la vía pública, abriendo una nueva etapa para la movilidad argentina y, al mismo tiempo, un interesante desafío para el mercado asegurador.

La medida fue establecida mediante la Resolución 170/SECT/26 de la Secretaría de Transporte porteña, que crea un régimen experimental para que empresas, fabricantes y desarrolladores puedan solicitar autorización para probar vehículos autónomos de Nivel 4 y los denominados “drones terrestres autónomos”.

Esto no significa que desde ahora puedan circular libremente autos sin conductor por Buenos Aires. Cada proyecto deberá ser evaluado y autorizado individualmente, con recorridos, horarios y condiciones de funcionamiento previamente establecidos.

¿Qué es un vehículo autónomo Nivel 4?

La normativa utiliza la clasificación internacional SAE J3016.

En el Nivel 4 de automatización, el vehículo puede realizar por sí mismo las tareas de conducción sin intervención humana, aunque solamente dentro de determinadas condiciones o áreas previamente definidas.

Argentina ya había dado un primer paso en esta dirección con el Decreto 196/2025, que modificó la reglamentación de la Ley Nacional de Tránsito e incorporó expresamente los diferentes niveles de conducción autónoma. La norma nacional establece además que los sistemas de los vehículos autodirigidos deben ser autorizados por la Agencia Nacional de Seguridad Vial.

Buenos Aires avanza ahora un paso más y crea un procedimiento concreto para poder probarlos en situaciones reales.

Seguro obligatorio para salir a la calle

Aquí aparece uno de los puntos más interesantes para nuestro mercado.

Para conseguir la autorización, el interesado deberá presentar una póliza vigente que cubra la responsabilidad civil frente a terceros y también a personas transportadas, cuando corresponda, durante todo el período de la prueba.

El formulario oficial exige incluso identificar compañía aseguradora, número y vigencia de la póliza y detallar si la cobertura comprende responsabilidad civil, daños materiales u otras coberturas.

Por lo tanto, el seguro no aparece como una cuestión secundaria: forma parte de los requisitos necesarios para autorizar la circulación experimental.

Y esto abre un terreno completamente nuevo para las aseguradoras argentinas.

Si el auto maneja solo, ¿quién es responsable de un accidente?

Durante décadas el seguro automotor estuvo construido alrededor de una lógica relativamente clara: existe un vehículo, un conductor y un riesgo de circulación.

La autonomía empieza a modificar esa ecuación.

Ante un choque de un vehículo autónomo podría ser necesario determinar si el siniestro ocurrió por una decisión incorrecta del conductor de seguridad, una falla de sensores, un desperfecto mecánico, un error de software, un problema de comunicación o incluso una actualización defectuosa del sistema.

La propia regulación porteña parece anticipar esa discusión.

Cada proyecto deberá designar una Persona Responsable por la Operación del Automotor Autónomo o Drone Terrestre Autónomo (PROAA). En la declaración jurada incluida en el procedimiento, esa persona humana o jurídica asume la responsabilidad jurídica, civil y administrativa por las pruebas realizadas.

Esto proporciona un responsable identificable durante la etapa experimental, aunque no elimina un debate que seguramente crecerá si esta tecnología se masifica: hasta dónde llega la responsabilidad del propietario u operador y cuándo comienza la del fabricante, desarrollador del software o proveedor tecnológico.

Una “caja negra” que también puede cambiar la forma de resolver siniestros

Otro elemento especialmente interesante para las aseguradoras es la información que generarán estos vehículos.

El formulario contempla un sistema de registro de datos o “caja negra” y un enlace que permita a la autoridad monitorear parámetros como posición GPS, velocidad y diferentes cámaras del vehículo.

Estos registros pueden convertirse en una herramienta fundamental frente a un siniestro.

En lugar de depender únicamente de declaraciones, fotografías, testigos o pericias posteriores, será posible reconstruir con mucha mayor precisión qué estaba haciendo el vehículo, cómo reaccionaron sus sistemas y qué ocurrió segundos antes del impacto.

La legislación nacional también avanzó en esa dirección: el Decreto 196/2025 contempla expresamente la preservación de los registros de vehículos equipados con sistemas de control cuando participan de accidentes.

Para las aseguradoras esto podría facilitar considerablemente la investigación de siniestros y la determinación de responsabilidades, aunque también abrirá debates sobre acceso, conservación y utilización de esos datos.

Robots de delivery: otro riesgo completamente nuevo

La resolución no se limita a los automóviles.

También podrán probarse pequeños robots terrestres autónomos, destinados a reparto de última milla, transporte de cargas livianas, limpieza, mantenimiento, inspección o monitoreo urbano.

Estos dispositivos podrán circular a velocidades inferiores a 20 km/h y, bajo determinadas condiciones, podrán ser autorizados a operar sin conductor desde las primeras pruebas.

Desde el punto de vista asegurador aparece otra situación novedosa: ya no hablamos necesariamente de un “automóvil” tradicional, sino de una máquina autónoma compartiendo espacios con peatones, ciclistas y vehículos.

Una eventual masificación podría impulsar coberturas específicas de Responsabilidad Civil operativa, daños al propio equipo, robo, transporte de mercadería y eventualmente riesgos tecnológicos asociados a su funcionamiento.

Del riesgo del conductor al riesgo del software

Quizás el cambio más profundo para las compañías de seguros llegue en la forma de evaluar el riesgo.

Actualmente, para suscribir un seguro automotor pueden tener peso factores relacionados con el vehículo, su utilización, ubicación y antecedentes de siniestralidad.

En un vehículo autónomo deberán incorporarse otras variables: versión del software, calidad y redundancia de sensores, sistemas de frenado, historial de fallas, actualizaciones, ciberseguridad y capacidad de intervención remota, entre muchas otras.

La propia normativa exige certificaciones técnicas como ISO 26262, ISO 21448 y UL 4600, o estándares internacionales equivalentes, además de planes de mitigación de riesgos y protocolos de emergencia.

Es decir que el asegurador del futuro podría terminar evaluando tanto el automóvil como el sistema informático que lo conduce.

¿Alcanza hoy una póliza automotor tradicional?

Por ahora, la resolución exige una cobertura de responsabilidad civil, pero no crea un régimen asegurador nacional específico para vehículos autónomos ni determina una suma asegurada especial exclusiva para esta tecnología. El seguro automotor obligatorio argentino continúa regulado dentro del marco general de la Ley de Tránsito y de la normativa de la Superintendencia de Seguros de la Nación. Para las pólizas emitidas o renovadas desde enero de 2026, la SSN actualizó los límites de responsabilidad civil automotor.

Pero a medida que las pruebas avancen, probablemente resulte necesario analizar productos más amplios que combinen distintos riesgos.

No solamente RC Automotor, sino eventualmente responsabilidad civil por productos, errores de software, riesgos cibernéticos y coberturas vinculadas con fabricantes y operadores tecnológicos.

De hecho, especialistas del propio mercado asegurador ya advierten que la movilidad autónoma puede obligar a pasar de la tradicional responsabilidad centrada en el conductor hacia esquemas donde convivan RC Automotor, responsabilidad por producto/software y ciberriesgos.

Un laboratorio también para las aseguradoras argentinas

Las autorizaciones podrán extenderse hasta un año, renovable por otro período, y los proyectos estarán sometidos a controles e informes periódicos sobre su funcionamiento.

Esto permitirá acumular algo especialmente valioso para una aseguradora: datos reales de siniestralidad.

Buenos Aires no está habilitando todavía una invasión de robotaxis ni vehículos circulando sin control por toda la Ciudad. Está creando un laboratorio regulado para comenzar a entender cómo funciona esta tecnología en nuestras calles.

Y ese laboratorio también puede ser importante para el seguro argentino.

Si la conducción autónoma continúa avanzando, la pregunta dejará de ser solamente “¿quién manejaba?” para convertirse en “¿qué falló y quién era responsable de ese sistema?”.

Para las compañías de seguros y los Productores Asesores, el cambio puede representar un desafío, pero también una nueva oportunidad: acompañar una tecnología que introduce riesgos diferentes y que, precisamente por eso, necesitará nuevas formas de aseguramiento.