Fraude en seguros automotores: crecen las sospechas por falsos robos y las compañías profundizan los controles
MARCIA LUNAUna cámara de seguridad terminó siendo determinante. Las imágenes mostraban al supuesto ladrón abriendo el automóvil con su propia llave y retirándose rápidamente del lugar.
El asegurado terminó imputado por falsa denuncia y tentativa de estafa.
El episodio es apenas un ejemplo de un problema mucho mayor para el mercado asegurador argentino: el fraude en los seguros automotores y el creciente nivel de sofisticación utilizado por las compañías para detectarlo.
Una de cada tres denuncias presenta indicios sospechosos
Según información atribuida a la Asociación de Aseguradores Argentinos (ADEAA), aproximadamente una de cada tres denuncias de siniestros automotores presenta algún indicio de posible fraude.
Pero es fundamental aclarar qué significa ese número.
No quiere decir que uno de cada tres asegurados esté intentando estafar a su compañía.
Un indicio simplemente provoca que el siniestro requiera controles adicionales. Posteriormente la investigación puede confirmar que todo ocurrió exactamente como fue denunciado.
En el último ejercicio anual citado por la información publicada, las aseguradoras recibieron 312.921 denuncias vinculadas con robos e incendios de vehículos:
- 81.496 robos totales.
- 218.757 robos parciales.
- 8.111 incendios totales.
- 4.557 incendios parciales.
Son alrededor de 857 denuncias por día.
Además, el ramo automotor concentraría alrededor del 65% de los casos investigados por posible fraude, mientras que más del 70% de las sospechas se localizarían en el AMBA.
¿Cómo se inventa el robo de un auto?
El mecanismo puede parecer sencillo: hacer desaparecer el vehículo, realizar la correspondiente denuncia policial y posteriormente reclamar la indemnización a la aseguradora.
Pero en la práctica el procedimiento para cobrar un robo total tiene muchos más controles.
Ante un robo o hurto verdadero, el asegurado debe efectuar la denuncia policial, comunicar el siniestro a su compañía y realizar los trámites registrales correspondientes.
Además, la aseguradora dispone de plazos para analizar el siniestro y determinar si corresponde la cobertura.
Es justamente durante ese proceso donde pueden comenzar a aparecer inconsistencias.
Una cámara que contradice el relato.
Un horario que no coincide.
El vehículo registrado circulando después de la supuesta desaparición.
Fotografías modificadas.
Documentación inconsistente.
Antecedentes siniestrales llamativos.
O incluso un robo producido pocos días después de contratar o modificar una cobertura.
Ninguna de esas circunstancias demuestra por sí sola la existencia de fraude, pero pueden justificar que la compañía profundice la investigación.
Ya no alcanza con presentar una denuncia policial
Este probablemente sea uno de los mayores cambios producidos durante los últimos años.
La denuncia policial continúa siendo indispensable frente al robo de un vehículo, pero no obliga automáticamente a la aseguradora a pagar el siniestro simplemente porque el asegurado declaró que el automóvil fue sustraído.
Las compañías cuentan actualmente con herramientas que permiten reconstruir con bastante precisión determinados acontecimientos.
Cámaras públicas y privadas, bases de datos, antecedentes siniestrales, documentación digital, fotografías, información sobre asistencias y diferentes cruces de datos permiten detectar inconsistencias que años atrás eran considerablemente más difíciles de identificar.
A eso se suma la utilización creciente de data analytics, modelos predictivos e inteligencia artificial.
Por ejemplo, sistemas especializados utilizados por el mercado asegurador pueden analizar cientos de variables y comparar un siniestro con antecedentes de vehículos y personas para generar alertas de posible fraude.
La tecnología no determina automáticamente que alguien sea un defraudador: identifica patrones que justifican revisar un caso con mayor profundidad.
El fraude no siempre es inventar un robo completo
Otro error frecuente es pensar que fraude significa únicamente hacer desaparecer deliberadamente un automóvil.
El problema es mucho más amplio.
Puede existir fraude cuando se exagera deliberadamente un daño, se incorporan elementos que no fueron afectados por el siniestro, se presentan comprobantes adulterados, se simula el robo de determinadas piezas o se modifica intencionalmente la verdadera mecánica de un accidente.
También puede aparecer en incendios provocados deliberadamente o en maniobras destinadas a transformar un vehículo con graves problemas mecánicos o comerciales en una indemnización.
Por eso, para las aseguradoras la detección temprana resulta fundamental.
¿Por qué alguien haría desaparecer su propio vehículo?
Los motivos pueden ser muy diferentes.
En algunos casos aparecen dificultades económicas. En otros, vehículos difíciles de vender, unidades deterioradas, importantes deudas asociadas al automóvil o costos de mantenimiento que el propietario ya no puede afrontar.
El seguro puede ser percibido equivocadamente como una manera de desprenderse del problema y recuperar dinero.
En el caso investigado en San Justo, según la información conocida, el propietario habría reconocido que necesitaba dinero y que acordó con otras personas hacer desaparecer el automóvil, obtener además algún beneficio mediante su desguace y posteriormente intentar cobrar la indemnización.
La maniobra, de confirmarse judicialmente, terminaría generándole exactamente el problema contrario: una causa penal en lugar de una indemnización.
El fraude lo terminan pagando también los buenos asegurados
Este es probablemente el aspecto que más debería preocupar al mercado.
El fraude contra una aseguradora puede parecer para algunos un delito en el que la única perjudicada es una gran empresa.
Pero económicamente el problema es bastante diferente.
El costo de los siniestros forma parte de la construcción técnica de las tarifas.
Las aseguradoras deben calcular primas suficientes para afrontar los siniestros, los gastos operativos y demás obligaciones manteniendo su solvencia. La propia Ley 20.091 establece el principio de suficiencia de primas.
Cuando aumenta artificialmente el costo siniestral mediante reclamos fraudulentos, ese dinero pasa a formar parte del costo general del sistema.
Y existen además costos indirectos.
Investigar requiere profesionales, peritos, tecnología, bases de datos, análisis documental y, eventualmente, abogados y procesos judiciales.
Por eso cada fraude que consigue atravesar los controles termina perjudicando indirectamente al conjunto de asegurados que sí actúan correctamente.
Pero investigar tampoco puede transformarse en sospechar de todos
Existe otra cara del problema que también merece ser señalada.
Combatir el fraude es necesario, pero una alerta antifraude no puede convertirse automáticamente en una presunción de culpabilidad contra el asegurado.
Hay siniestros perfectamente legítimos que pueden presentar circunstancias atípicas.
Que un vehículo haya sido asegurado recientemente, que existan antecedentes siniestrales o que determinado comportamiento estadístico genere una alerta puede justificar una investigación.
No demuestra por sí mismo una maniobra fraudulenta.
Por eso el desafío para las compañías está en conseguir un equilibrio: detectar al defraudador sin perjudicar al asegurado legítimo con investigaciones o demoras injustificadas.
La tecnología puede ayudar precisamente a mejorar esa selección y concentrar los recursos de investigación en aquellos casos donde existen señales verdaderamente relevantes.
El Productor Asesor también tiene un papel importante
Para el PAS, la lucha contra el fraude tampoco debería considerarse exclusivamente un problema de la aseguradora.
El productor suele conocer al asegurado, el vehículo y las circunstancias de contratación mucho antes de que ocurra un siniestro.
Una correcta suscripción, fotografías actualizadas, datos completos del vehículo y una explicación clara de las coberturas ayudan a prevenir problemas posteriores.
Pero existe además una función fundamental cuando ocurre el siniestro: explicarle al asegurado que debe denunciar exactamente lo sucedido.
Modificar circunstancias para intentar conseguir cobertura, aumentar artificialmente un daño o incorporar elementos que no participaron del hecho puede transformar un siniestro perfectamente atendible en un conflicto mucho mayor.
Más tecnología, pero también mejores datos
El futuro de la prevención del fraude probablemente esté cada vez más vinculado al análisis de información.
Los sistemas utilizados por el mercado ya pueden trabajar con cientos de variables, generar scores de riesgo y comparar información con antecedentes históricos.
Cuanto mayor sea la calidad de los datos disponibles, mayor será también la capacidad de separar rápidamente un siniestro legítimo de uno que realmente merece investigación.
Eso puede producir un beneficio doble.
Por un lado, detectar más rápido las maniobras fraudulentas.
Por otro, algo igualmente importante: pagar más rápido aquellos siniestros que no presentan inconsistencias relevantes.
El fraude no es un problema exclusivo de las compañías
El caso de San Justo muestra hasta dónde puede llegar una maniobra que inicialmente parecía sencilla.
Un automóvil supuestamente robado, una denuncia policial y un reclamo ante la compañía.
Pero una cámara cambió completamente la historia.
Para el mercado asegurador argentino, el episodio debería servir para poner el foco sobre una problemática que afecta a todos.
Las aseguradoras necesitan mejorar sus controles, pero también evitar que la lucha contra el fraude perjudique al asegurado genuino.
Los productores tienen que colaborar con una correcta suscripción y acompañamiento del siniestro.
Y los asegurados deben comprender que inventar, exagerar o modificar deliberadamente un hecho para obtener una indemnización no es una “viveza” contra una compañía de seguros: puede constituir una maniobra fraudulenta con consecuencias económicas y penales.
En definitiva, combatir el fraude no debería tener como único objetivo que las aseguradoras paguen menos.
El verdadero objetivo debería ser mucho más saludable para el mercado: que se investigue al que intenta defraudar y que se pueda responder con mayor rapidez al asegurado que realmente sufrió un siniestro.