Denunciaban los autos como robados, cobraban el seguro y los vehículos seguían circulando

Una investigación en Presidencia Roque Sáenz Peña, Chaco, puso bajo la lupa una presunta organización que habría encontrado una forma particularmente elaborada de defraudar a las aseguradoras: hacer desaparecer vehículos con el consentimiento de sus propietarios, denunciarlos posteriormente como robados y permitir que fueran revendidos en otros puntos del país.
 
La investigación todavía está en curso y será la Justicia la que deberá determinar las responsabilidades, pero la modalidad que describen los investigadores resulta especialmente interesante para el mercado asegurador.
01/10/2026MARCIA  LUNAMARCIA LUNA

BUENOS AIRES - CHACO

Dos autos recuperados y una persona detenida

El caso comenzó a tomar forma después de que efectivos del Departamento 911 localizaran en una vivienda del barrio Reserva Este un Volvo importado y un Ford Ka que tenían pedidos de secuestro activos.

Los vehículos habían sido denunciados como robados en Zárate y Hurlingham, provincia de Buenos Aires, pero terminaron apareciendo a cientos de kilómetros de distancia, en Chaco.

Una persona que se encontraba en el domicilio fue detenida al no poder justificar la presencia de los automóviles. La Fiscalía de Investigación Penal de Sáenz Peña ordenó su secuestro y ahora intenta determinar cómo llegaron hasta allí y quiénes participaron de la operación.

El detalle clave: esperar antes de denunciar el supuesto robo

La maniobra que investigan las autoridades tendría un elemento particularmente llamativo.

Según explicó el comisario Ramón Zarza, los propietarios presuntamente permitían la desaparición de los vehículos, pero esperaban entre dos y tres días antes de realizar la denuncia.

Ese tiempo tendría una enorme importancia.

Mientras oficialmente el vehículo todavía no figuraba como robado, podía recorrer cientos de kilómetros y atravesar controles sin que existiera un pedido de secuestro que alertara a las fuerzas de seguridad.

Recién cuando el automóvil ya se encontraba lejos de su lugar de origen se habría realizado la denuncia.

A partir de allí, el propietario podía iniciar el reclamo ante su aseguradora por robo total mientras que, paralelamente, el mismo vehículo continuaba circulando y eventualmente podía ser comercializado nuevamente.

Un fraude con doble beneficio

Si la hipótesis finalmente se comprueba, estamos ante una maniobra particularmente perjudicial para el sistema asegurador.

Porque el negocio no estaría solamente en cobrar una indemnización por un robo que nunca habría ocurrido.

El mismo automóvil conservaría además un importante valor económico y podría ser colocado nuevamente en el mercado, generando un doble beneficio: el dinero de la aseguradora y el producido por la venta del vehículo.

Precisamente por eso resulta tan importante reconstruir qué sucedió con estos automóviles durante los días anteriores a las denuncias y quiénes participaron de su traslado.

Los investigadores creen que habría más personas involucradas y algunas permanecían prófugas al momento de difundirse la información.

El fraude automotor se vuelve cada vez más sofisticado

El caso también vuelve a demostrar que el fraude contra las aseguradoras no siempre consiste en una denuncia falsa improvisada.

Puede existir planificación previa, traslado entre provincias, ocultamiento del vehículo y eventualmente una red preparada para volver a introducirlo en circulación.

No sería además una modalidad completamente desconocida en Argentina. En investigaciones anteriores se detectaron organizaciones que realizaban falsas denuncias de robo para reclamar indemnizaciones y posteriormente adulteraban la identificación de los vehículos o semirremolques para comercializarlos nuevamente.

Incluso durante 2026 se conocieron otros casos independientes de denuncias de robo presuntamente inventadas para intentar cobrar seguros, aunque no existe información pública que permita relacionarlos con la investigación de Sáenz Peña.

Un desafío para las aseguradoras

Para las compañías, detectar estas maniobras antes de indemnizar es fundamental, pero también lo es hacerlo sin transformar cada robo legítimo en una sospecha contra el asegurado.

La diferencia está en la investigación.

Recorridos del vehículo, cámaras, peajes, sistemas de rastreo, comunicaciones, inconsistencias en las declaraciones y especialmente qué ocurrió entre el momento en que supuestamente desapareció el automóvil y aquel en que finalmente se realizó la denuncia pueden convertirse en elementos decisivos.

En este caso, esos dos o tres días podrían terminar siendo justamente la pieza que permita reconstruir toda la maniobra.

Porque si la hipótesis judicial se confirma, no estaríamos simplemente frente a autos robados que aparecieron en otra provincia.

Estaríamos frente a algo bastante más grave: vehículos que posiblemente nunca fueron robados y una estructura organizada para hacer que las aseguradoras pagaran como si realmente lo hubieran sido.